Comunidad formativa

Equipo de Coordinación:

Rector: Sr. Pbro. Martín Barbosa Venegas

Coordinador del Curso Introductorio: Sr. Pbro. Serafín Guzmán Rivera

Coordinador Curso de Nivelación: Sr. Pbro. Gilberto Vargas García

Coordinador de la Dimensión Humana Seminario Mayor: Sr. Pbro. Antonio Paniagua Correa

Coordinador del Seminario Menor: Sr. Pbro. Melchor Rosas Soto

Ecónomo General: Sr. Pbro. Hugo Agustín Delgado Medel

Secretario General: Sr. Pbro. Abraham Díaz Hernández

Coordinadores de la Dimensión Espiritual:

Teología: Sr Pbro. Jaime Oseguera Saldaña

Filosofía: Sr. Pbro. Guillermo Juárez Vega

Curso Introductorio: Sr. Pbro. Eric López García

Nivelación: Sr. Pbro. Ricardo Mora Colín

Humanidades: Hugo Enrique Cena Ramírez

Humanidades: Jorge Vergara Medina

Coordinadores de la Dimensión Intelectual:

Seminario Mayor (Filosofía y Teología): Sr. Pbro. Francisco Armando Gómez Ruíz

Seminario Menor: Sr. Pbro. Jorge Iván Pimentel Sierra

Dimensión Pastoral y Vocacional

Seminario Mayor: Sr. Pbro. Omar Castro Castro

Seminario Menor

 

  • Dimensión Pastoral: Sr. Pbro. Jorge Iván Pimentel Sierra
  • Dimensión Vocacional: Sr. Pbro. Luis Simón Gallardo

 

Ecónomos

Seminario General- Mayor: Sr. Pbro.  Hugo Agustín Delgado Medel

Curso Introductorio: Sr. Pbro. Miguel Martínez Cruz

Curso de Nivelación: Sr. Min. Enrique Márquez Corona

 

Curso de Nivelación: Sr. Min. Enrique Márquez Corona

 

  • ¿Qué hacemos?

Formamos integralmente a jóvenes con inquietud vocacional al sacerdocio, para que puedan responder al llamado de Dios y lo busquen sinceramente, siguiéndolo con generosidad para que, creciendo en la intimidad con Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia, se configuren con Él y colaboren, responsablemente en la construcción del Reino de Dios.

  • Dimensiones de la formación

Dimensión Humano-comunitaria: Es el fundamento de la formación sacerdotal, cuya finalidad es lograr la madurez humana de los candidatos al ministerio sacerdotal, que se debe reflejar siempre en el cultivo de las cualidades humanas, en el ejercicio de la libertad responsable, en la adquisición de una conciencia recta, en el equilibrio afectivo, en una sexualidad bien integrada y en la capacidad de relacionarse con todo tipo de personas.

Se insiste en la importancia fundamental de esta dimensión como consecuencia del principio teológico de que la gracia supone la naturaleza. Jesucristo mismo quiso sujetarse a este principio y con su encarnación asumió nuestra naturaleza y se sujetó en su vida terrena a un proceso de madurez hasta alcanzar tal grado de perfección humana, que se convierte en el modelo de todo hombre.

El candidato al sacramento del orden, llamado a ser “imagen viva” de Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia, debe procurar reflejar en sí mismo, en la medida de lo posible, aquella perfección humana que brilla en el Hijo de Dios hecho hombre, y que lo hace idóneo para prolongar su acción salvífica en diálogo con el hombre de hoy. Es siempre en la persona humana, a pesar de si limites, donde se forma el sacerdote.

Dimensión espiritual: La formación consiste en la orientación y el acompañamiento progresivo del seminarista en orden a identificarse con Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia, a través de un seguimiento radical de su persona y de su Evangelio, bajo la guía del Espíritu Santo y de las directrices del Magisterio de la Iglesia.

“El contenido esencial de la formación espiritual, dentro del itinerario hacia el sacerdocio, está expresado en el decreto conciliar Optatam totius «la formación espiritual […] debe darse de tal forma que los alumnos aprendan a vivir el trato familiar y asiduo con el Padre, por su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo. Habiendo de configurarse a Cristo Sacerdote por la sagrada ordenación, habitúense a unirse a Él, como amigos, con el consorcio íntimo de toda su vida. Vivan el misterio pascual de Cristo de tal manera que sepan iniciar en él al pueblo que ha de encomendárseles. Enséñeseles a buscar a Cristo en la fiel meditación de la Palabra de Dios, en la activa comunicación con los sacrosantos misterios de la Iglesia, sobre todo en la Eucaristía y en el oficio divino; en el Obispo, que los envía, y en los hombres a quienes son enviados, principalmente en los pobres, los niños, los enfermos, los pecadores y los incrédulos. Amen y veneren con filial confianza a la Santísima Virgen María, a la que Cristo, muriendo en la cruz, entregó como madre al discípulo»” (PDV 45).

La formación espiritual constituye el centro vital y fundamental de toda la formación sacerdotal.

Dimensión intelectual: Es la dimensión que tiene como finalidad la configuración sapiencial de los candidatos con Cristo Buen Pastor. Para ello favorece el conocimiento amplio y sólido de la cultura y de las ciencias sagradas que capacitan a los futuros pastores a vivir y anunciar adecuadamente el Evangelio a los hombres de hoy. Promueve la formación científica, el conocimiento profundo y objetivo de la realidad, el acercamiento a la Sagrada Escritura, a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia

Dimensión pastoral: “Toda la formación del Seminario está encaminada a preparar al candidato al sacerdocio para comunicar la caridad de Cristo, Buen Pastor” (PDV 57).

“Por lo tanto, debemos decir que la dimensión pastoral asegura formación humana, espiritual, intelectual y vocacional, algunos contenidos y características concretas, a la vez que unifica y determina toda la formación de los futuros sacerdotes” (PDV 57).

No obstante, todo lo anterior, esta dimensión debe asegurar una formación teórica y práctica específicamente pastoral, fundamentada en una cristología, que reconozca la centralidad de Jesucristo; en una eclesiología, que tenga en cuenta las dimensiones de la Iglesia como misterio, comunión y misión; y en una antropología, que considere el desarrollo integral del hombre.

Dimensión vocacional: Desde la dimensión vocacional se ofrece un acompañamiento personal y comunitario, con suficientes herramientas para el discernimiento vocacional de cada uno de los seminaristas, de acuerdo al proceso propio de cada etapa, de tal manera que su discernimiento y elección se hagan con recta intención y opte de una manera libre y gozosa por configurarse con Cristo Buen Pastor.

Esta dimensión tiene también como tarea, la promoción y el cultivo de los primeros brotes de vocación sacerdotal en las distintas comunidades parroquiales de nuestra diócesis; así como la promoción de la oración por las vocaciones.