Orar y estudiar para ser mejores pastores

“El Espíritu del Señor está sobre Mí, porque Él me ha ungido para que anuncie la Buena Nueva a los pobres, me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Se- ñor” (Lc 4, 18-19). E n este mes de agosto, toda comunidad eclesial en nuestra Arquidiócesis está siendo testigo de que su sacerdote deja las actividades ordinarias para ir a una semana de Ejercicios Espirituales o de Estudio, como necesidad y exigencia para atender mejor a sus fieles. En la dimensión espiritual, cuatro Zonas viven la experiencia de una semana de Ejercicios Espirituales y tres Zonas, su Semana de Estudio. El Presbiterio de Morelia es consciente de la urgencia de la Formación Permanente, que pretende reavivar y fortalecer la vida y el ministerio de sus sacerdotes para que sean mejores pastores en la comunidad que se les ha confiado. Y, si se dedica una semana completa al estudio o la oración, no es para la mera reflexión o purificación personal, sino para que el pueblo de Dios se nutra mejor de la Palabra y de los Sacramentos, para que sea liberado de sus esclavitudes, para que aspire a una vida más digna y tenga las herramientas para lograrlo. ¿De qué le serviría a un sacerdote sólo ser un hombre de oración si no asume la tarea de evangelizar? ¿De qué le serviría a un sacerdote ser un erudito en las ciencias eclesiásticas si no libera a su pueblo de las esclavitudes? Si el sacerdote ora ante la presencia de Dios, es para ofrecer, con la gracia de Dios, la salvación eterna; si el sacerdote estudia concienzudamente, es para presentar adecuadamente la Persona de Jesucristo y su mensaje de salvación. El documento conciliar Presbiterorum Ordinis (PO, núm. 4) lo expresa claramente: “Los presbíteros tienen por deber primero el de anunciar a todos el Evangelio de Dios, de forma que, cumpliendo el mandato del Señor: Vayan por el mundo entero y llevan la Buena Nueva a toda criatura (Mc 16, 15), formen y acrecienten el Pueblo de Dios”. Y, por si fuera poco, el Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presbíteros (núm. 16) refuerza el carácter pastoral del presbí- tero: “Todos los sacerdotes deben tener corazón y mentalidad misioneros, estar abiertos a las necesidades de la Iglesia y del mundo. Todo presbítero debe sentir y vivir esta exigencia de la vida de la Iglesia en el mundo contemporáneo”. Se ha de orar prolongadamente para santificar a la comunidad; se ha de estudiar profundamente para educar en la fe al pueblo de Dios, pero la misión que asumió el sacerdote el día de su Ordenación llega a su culmen en la pastoral que aterriza en la problemática concreta de sus fieles y los conduce hacia mejores pastos (Cfr. Código de Derecho Canónico [CIC], cc. 528- 530.548-549). El Papa Francisco insiste en esta emergencia pastoral, pero pone un énfasis especial en atender las periferias existenciales (Cfr. Evangelii Gaudium [EG], núm. 30), privilegiando a los más pobres: “No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio, y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin rodeos que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos” (EG, 48).

* Responsable de la Dimensión Diocesana de Formación Permanente del Clero.

51pastoresARTURO CISNEROS VÁZQUEZ*

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